Bajo tu cama
Bajo tu cama sólo cabe un asesino con la estatura de un funcionario de correos. O eso o ha pasado quince años abrochándose al pecho las piernas, en una hábil maniobra para que tu madre no las barriera cada vez que pasaba por allí el cepillo, y en ese caso si sale fuera podrás descubrirlo rápidamente por el crujido de sus rodillas en cremallera de vuelta al par. En todo caso, nada que no sepa esquivar una atleta como tú.
Bajo tu cama sólo cabe un dragón delgadito. Pirófilo, como todos los dragones, pero incapaz de incendiar la habitación con el escaso fuelle que le cabe en esos dos metros cuadrados. Un dragón travieso, que aprendió a concentrar el viento de sus mofletes en calima sobre los dominios de la almohada y a hacer allí, como ataque más amenazante, que se te calentara la cabeza y se te contagiara el sur de la cintura. Nada más, que bastante tenía con hacer dieta para seguir allí, porque si no era imposible compartir espacio con la caja de ropa de invierno en verano de verano en invierno con agujero para la naftalina que apareció allí en el noventa y algo, cuando tu madre decidió que no podías convertir el resto de la casa en tu armario.
Bajo tu cama sólo cabe una especie de vampiro poco común, que en vez de morderte el sueño prefería alimentarse por las noches de las pelusas y el polvo y las cartas que perdiste y también aquel paquete de cigarrillos que una vez, casi recién estrenado, lanzaste allí con el pie y nunca volviste a encontrar. Que jugaba a hacerse heridas con los tiburones rojos que nadaban en la pecera bajo-somiérica y que jamás hubieran podido morderte aunque te hubieras asomado, porque las pelusas son de bajo contenido en calcio y terminaron por ser tiburones desdentados.
Por eso me río cuando me cuentas que a los siete te volviste insomne y que pasabas las noches gastando las pilas de una linterna de plástico que te habían regalado para las acampadas. Porque tenías miedo del monstruo que habitaba debajo, y que no creo que pasase de un enano delgado que echaba cuentos por la boca y comía pelusas en una bañera para tiburones. Además me río porque de todas maneras, sea lo que sea, hoy lo tenemos que estar matando con los saltos que estamos pegando. Tú encima de mí, yo encima del colchón, los dos encima de la cama follando y el monstruo tragándose los golpes debajo.
Bajo tu cama sólo cabe un dragón delgadito. Pirófilo, como todos los dragones, pero incapaz de incendiar la habitación con el escaso fuelle que le cabe en esos dos metros cuadrados. Un dragón travieso, que aprendió a concentrar el viento de sus mofletes en calima sobre los dominios de la almohada y a hacer allí, como ataque más amenazante, que se te calentara la cabeza y se te contagiara el sur de la cintura. Nada más, que bastante tenía con hacer dieta para seguir allí, porque si no era imposible compartir espacio con la caja de ropa de invierno en verano de verano en invierno con agujero para la naftalina que apareció allí en el noventa y algo, cuando tu madre decidió que no podías convertir el resto de la casa en tu armario.
Bajo tu cama sólo cabe una especie de vampiro poco común, que en vez de morderte el sueño prefería alimentarse por las noches de las pelusas y el polvo y las cartas que perdiste y también aquel paquete de cigarrillos que una vez, casi recién estrenado, lanzaste allí con el pie y nunca volviste a encontrar. Que jugaba a hacerse heridas con los tiburones rojos que nadaban en la pecera bajo-somiérica y que jamás hubieran podido morderte aunque te hubieras asomado, porque las pelusas son de bajo contenido en calcio y terminaron por ser tiburones desdentados.
Por eso me río cuando me cuentas que a los siete te volviste insomne y que pasabas las noches gastando las pilas de una linterna de plástico que te habían regalado para las acampadas. Porque tenías miedo del monstruo que habitaba debajo, y que no creo que pasase de un enano delgado que echaba cuentos por la boca y comía pelusas en una bañera para tiburones. Además me río porque de todas maneras, sea lo que sea, hoy lo tenemos que estar matando con los saltos que estamos pegando. Tú encima de mí, yo encima del colchón, los dos encima de la cama follando y el monstruo tragándose los golpes debajo.
Comentarios
Todo junto una historia para mayores, quitandoselo sirve para intentar convencer a algún mocoso.
Saludines,
YoMisma
Sí, de vivir, y de amar, y de soñar, y de follar, y de viajar.
A la vez, tus textos ponen nostálgico cuando quien los lee sabe poco de todas estas cosas.
Y despierta un poco (bueno, un mucho) de envidia.
Por tu manera de escribir inalcanzable y por que ésta sugiere una existencia bastante más interesante que la propia.
Pero graciasgraciasgracias por seguir escribiendo, porque quien es capaz de desperezar tantas sensaciones a la vez, hace bien en compartirlas.
I&I
:)
Besis.
puedes morir...